Rabia en la sangre

miércoles, 24 de julio de 2013

Sumergirme en las profundidades de mi luna roja (estoy con la regla y el lunes fue luna llena) me está llevando a descubrir toda la rabia que llevo dentro y que la mayor parte del tiempo está oculta y no soy consciente de su presencia.

Hoy la rabia ha aflorado otra vez a raíz de un comentario de una de mis hermanas. Y es que supongo que cuando viene de alguien que te importa y a quien quieres, ciertos comentarios escuecen más. Y más cuando todo viene a raíz de algo que quieres mucho y te hace mucha ilusión compartir... y lo que obtienes es rechazo, de pleno. 

No me gustan los radicalismos, el juzgar sin saber, el yo tengo razón y tú estás equivocado. Cuando enseñas algo que amas, que es importante para ti, poniendo toda la ilusión en ello, el rechazo del otro suena a que rechazan una parte de ti mismo. Y esa parte de tu alma se repliega dolorida, se esconde y se sumerge en la oscuridad. Y la rabia surge ante la incomprensión, ante el juicio sin sentido.

Y es que le he presentado a mi hermana una persona, y sólo por foto, hoy va y me suelta: no me gusta, no me gusta su mirada ni la cara que tiene, ten cuidado con él, no me fío... ni de él ni de su mujer. Y me ha dolido como si me clavaran un puñal en el corazón. Me ha dolido porque no me lo esperaba, porque él no se lo merece, jamás, y su mujer tampoco. Porque son  unas personas maravillosas y las ha rechazado por una foto!! en qué cabeza cabe! mi hermana, que se ha juntado con la gente de la peor calaña que te puedas imaginar, que ha hecho autenticas salvajadas...

También me ha dolido ver lo lejos que estoy de mi hermana, lo diferentes que somos y la forma tan diferente que tenemos de ver la vida. Yo intento ser cada día más abierta de miras, juzgar menos, dar libertad a todo y a todos, incluso a mí misma... y ella es cada día más radical  y más cerrada. Me ilusionaba compartir esto con ella, pero si no se puede... habrá que dejarlo estar. No se puede todo, y la familia no se elige. Sólo podemos elegir como reaccionar ante lo que nos pasa, y aunque me ha dolido en el alma... prefiero dejarlo estar. Al final la "familia real" es la gente con la que compartir tu vida en el día a día, los que te acompañan y te escuchan, los que te apoyan pase lo que pase y sobre cualquier cosa, y son felices cuando tú estás feliz... y esa familia no tiene por qué ser siempre la familia de sangre. 

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