Me encontrarás en el fin del mundo

domingo, 18 de noviembre de 2012




Sí, hay libros que te hacen mucho más feliz, porque te ayudan a seguir creyendo en la magia del amor, y en la fuerza del destino... a fin de cuentas, en los cuentos de hadas que somos capaces de construir día a día.

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Con el tiempo pasa una cosa muy extraña.

Domina nuestra vida más que ninguna otra dimensión. En realidad todo gira en torno al tiempo que tenemos, el tiempo que no tenemos, el tiempo que nos queda. Ese es el tiempo real. 

Pero luego está también el tiempo que percibimos, que es el hermano caprichoso del tiempo real.  Es el que hace que una hora de espera dure treinta y cinco horas y que, en cambio,a hora que nos queda para hacer algo importante quede reducida de pronto a ocho minutos.

Se nos escapa, nos persigue, y sólo existe un punto en el que nosotros controlamos el tiempo. Son esos escasos momentos en los que estamos inmersos en el tiempo y por eso no lo notamos. Entonces lo dejamos en suspenso, detenemos todas esas pequeñas ruedecitas que tan bien encajan unas con otras, y vamos en punto muerto por la vida.

Son los momentos del amor.

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El ojo humano, con todo lo increíble que es, sólo puede ver la superficie de las cosas. Se desliza por encima de ellas guiado por una percepción subjetiva que nos permite ver los objetos sólo en una realidad muy limitada, la propia, que se compone de nuestras expectativas y nuestras experiencias.
Pero a veces la luz incide desde otro ángulo y niega nuestra realidad... Y entonces... Todo es posible.
                                                       
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Extraídos del libro de Nicolás Barreau, "Me encontrarás en el fin del mundo", autor también de "La sonrisa de las mujeres" de Espasa.


1 comentarios:

Il centauro dijo...

Toda mi vida quise creer en el destino, creía en él ciegamente como si un día fuera a aparecer un hada madrina o una varita mágica del cielo, diera sus dos toques mágicos y a partir de ese día yo ya fuese super feliz como en los cuentos.

Ese día creí que había llegado y a partir de ahí no le daba importancia a los problemas, era como que si esa situación la había creado el destino, tarde o temprano todo se solucionaría, como en los cuentos y sus finales felices. Sin embargo esto es la vida, no es un cuento, y no hubo final feliz.

Me cabreé, despotriqué contra el destino negándolo como pidiéndole explicaciones.

A día de hoy, por varias cosillas y episodios si alguien me pregunta le contestaría que el destino sí existe, no ya el destino como algo ya escrito e inamovible, sino más bien como alguien que juega con nosotros como si fuéramos fichas de ajedrez, pero una cosa tengo muy clara: el hecho de que exista y aparezca no significa que sea para bien, puede ser para el bien de otros o incluso no serlo para nadie.

Como se suele decir lo que tenga que venir vendrá, pero también está claro que el que quiere algo tiene que ir a por ello, no puedes esperar que te caiga del cielo o lamentarte después porque no haya pasado.

Hasta donde sé sólo existe una vida, soñar es muy sencillo, muy reconfortante e incluso nos ayuda a continuar, pero la realidad, lo que hace que nuestras tripas bailen el kunvayá, lo que hace que nuestros ojos lloren y sonrían, todo eso..... todo eso con destino o sin él, debería ser lo que nos guíe.

¿El amor?... El amor en cada pecho tiene su propia definición.


19 de noviembre de 2012 a las 4:37

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