Amor - Inteligencia del Alma

domingo, 21 de octubre de 2012


El amor es un manantial de vida que se cultiva, tanto en los espacios de silencio como en el compartir nuestra intimidad sincera.

Hay un ejercicio que hago, desde hace años ya, que me ayuda en los momentos en los que estoy  más confundida o no sé qué hacer ni cómo comunicarme conmigo misma. Este ejercicio me lo enseñó José María Doria, el que fue mi terapeuta durante un tiempo, y del que, aún en la distancia, sigo aprendiendo cada día. 

El ejercicio se realiza con un libro suyo, Inteligencia del Alma (Gaia Ediciones), y con un juego de 40 tarjetas, que me regaló en la primera sesión que tuvimos juntos. En cada tarjeta hay una palabra y tres frases lúcidas, provenientes de distintas almas iluminadas que han recorrido ya su propio camino de crecimiento.

Así, cuando necesito hablar conmigo misma, me pongo en manos de mi alma y del Universo, barajeo las tarjetas y escojo una al azar, y tras eso, escojo una de las tres frases sin leerlas, y una vez hecho esto, leo el desarrollo de la frase en el libro, e intento sacar mi propia enseñanza del texto o ver cómo ese texto corresponde con mi vida en ese momento.

Si alguna vez queréis hacer el ejercicio, podéis hacerlo desde aquí, pues lo tiene preparado en su web:

Puede parecer autosugestión, pero siempre me ha ayudado en este camino que se antoja tan duro a veces.  Y a veces algo tan simple como una tarjeta, una frase y un texto puede traer algo de luz en un momento de tinieblas.

Hace un momento acabo de hacer el ejercicio, no para mí... y como siempre, el Universo siempre acierta. Os dejo con un extracto del texto, lo que más me ha resonado.

AMOR

"El amor nos libera del sufrimiento "  -  Sófocles

Cuando en nuestra vida no hay amor, vivimos encapsulados dentro de un ego ávido de adquisiciones y complacencias. Cuando no hay amor, se instala un yo superviviente que deambula febril en la selva de las vallas publicitarias. Un yo que se ve obligado a perder la inocencia y aprender a depredar, mientras que sorteando obstáculos, muerde y escapa. Se trata de una vida que discurre entre el miedo y el deseo, huyendo hacia adelante, al tiempo que se intuye la llegada de un mundo nuevo en el que el corazón se abre y calienta. 
A mayor presencia del miedo, menor presencia del amor.El miedo busca seguridad y nos impulsa a calmar una sed ansiosa, aunque sea con agua salada. Un agua, que por más que se gane, nunca basta.
Esa seguridad buscada es un estado de conciencia que se alcanza en la medida que cultivamos el jardín de nuestra mente y ejercemos la acción justa y generosa. Acciones que priman el servicio desinteresado que, sin pretenderlo, nos hace merecedores de la paz en el alma.
El amor es un manantial de vida que se cultiva, tanto en los espacios de silencio como en el compartir nuestra intimidad sincera.
El amor es un estado de atención sostenida que se despierta viviendo el presente, contemplando la belleza y permitiendo aflorar la compasión que abraza. Un estado en el que, cada mañana, al levantarse el alba y sin dejar todavía la cama, uno se pregunta: ¿quién soy? y en respuesta, el Testigo emerge, el Observador del pensamiento se revela, y desde ese momento, el propio ego, "tocado por la consciencia" busca sentido a las vivencias de la jornada. ¿Para qué estoy vivo?, ¿cuál es el propósito de mi existencia? Buscando las respuestas, uno se realiza en que la forma más estable de goce llega cuando damos Vida a la Vida y ejercitamos el respeto, allí donde ésta señala. Unas veces será un rostro contraído que está pidiendo paz y calma, otras será alguien que nada pide, tan sólo compañía, y basta.
"¿Qué puede hacerse para sentir amor?" Ante tal pregunta, uno respira.... siente como fluye el aire en sus pulmones, entorna los ojos y espera. Al poco, un lúcido sosiego llega y nos abraza.
Unos piensan que es amor lo que sientes por sus hijos, otros llaman amor a la pasión alborozada, y algunos lo experimentan ante emociones estéticas sublimadas. Pero todos intuyen que el amor es una opción de lo Profundo que llegó en alguna noche estrellada en la que uno decidió mirar y..., de pronto, sintió que la elección estaba consumada. 

Y para mí, lo que el texto transmite es que sólo llegaremos a ese Amor que anhelamos a través de la paz y el sosiego, la observación serena y compasiva de nosotros mismos, y ese darnos a los demás. Porque ese Amor no es más que el reflejo exterior de nuestra Paz interior. 

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